Salud dental infantil: respuestas claras a las dudas más frecuentes de madres y padres

La salud dental infantil es uno de los temas que más preocupa a madres y padres. Caries tempranas, chupete, limpieza de los primeros dientes o cuándo ir por primera vez al dentista son preguntas habituales en casa, en el parque y en las revisiones pediátricas. Entender qué es normal y qué no, y cómo actuar a tiempo, marca una gran diferencia en la sonrisa futura de los peques.
En esta guía encontrarás respuestas claras y prácticas a las dudas más frecuentes sobre salud bucodental en la infancia, con recomendaciones fáciles de aplicar en el día a día.
¿Cuándo salen los primeros dientes y qué es normal en la dentición?
Los primeros dientes de leche suelen aparecer alrededor de los 6 meses, aunque hay mucha variabilidad: algunos bebés los muestran a los 4 meses y otros se acercan al año sin que sea un problema.
El orden aproximado de salida es:
- 6–10 meses: incisivos centrales inferiores y superiores.
- 9–13 meses: incisivos laterales.
- 13–19 meses: primeros molares de leche.
- 16–23 meses: caninos.
- 23–33 meses: segundos molares de leche.
Es habitual que durante la dentición el bebé esté más irritable, babee más, se lleve todo a la boca o tenga el sueño más alterado. También puede haber ligera inflamación de encías. Lo que no es típico de la dentición son fiebre alta o diarreas intensas; si aparecen, conviene consultar con su pediatra.
¿Cuándo hay que empezar a limpiar la boca del bebé?
La higiene bucal debe comenzar antes de que aparezcan los dientes. Desde los primeros meses puedes:
- Pasar una gasa estéril humedecida o un dedal de silicona suave por las encías, una vez al día.
- Aprovechar este momento para que el bebé se acostumbre a la manipulación de su boca.
Cuando erupciona el primer diente, ya se considera que hay riesgo de caries. En ese momento conviene usar un cepillo infantil de cerdas suaves y una mínima cantidad de pasta fluorada, según la edad.
Flúor y pasta de dientes: ¿cuánta y desde cuándo?
Una de las dudas más frecuentes es el uso de flúor. Las recomendaciones actuales de las sociedades de odontopediatría indican:
- De 0 a 3 años: pasta con 1000 ppm de flúor, en cantidad «raspada» (un manchita muy fina) dos veces al día, siempre supervisada por un adulto.
- De 3 a 6 años: pasta con 1000–1450 ppm de flúor, en cantidad de un «granito de arroz grande» o «lenteja pequeña», dos veces al día.
- A partir de los 6 años: pasta de 1450 ppm de flúor en cantidad similar a un guisante, dos o tres veces al día.
No es necesario enjuagarse vigorosamente después del cepillado; basta con escupir el exceso para que el flúor pueda seguir actuando sobre el esmalte. El objetivo es prevenir la caries desde el inicio, no reaccionar cuando ya ha aparecido.
Primera visita al dentista: ¿a qué edad es recomendable?
La mayoría de especialistas aconsejan que la primera visita al dentista pediátrico sea alrededor del primer año de vida, o dentro de los 6 meses posteriores a la erupción del primer diente.
En esta consulta temprana se valora:
- El estado de los primeros dientes de leche.
- Los hábitos de alimentación (lactancia, biberón, alimentos azucarados).
- El uso de chupete, succión del pulgar u otros hábitos orales.
- El riesgo individual de caries del niño o niña.
Además, sirve para que el pequeño se familiarice con el entorno odontológico en un ambiente de calma y juego, sin dolor ni urgencias, lo que reduce mucho la ansiedad futura ante las revisiones.
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Todo este espacio ha sido pensado para hacer que cada visita sea una experiencia agradable: colores amables, materiales pensados para la infancia y un equipo que sabe cómo comunicarse con niñas y niños de distintas edades. De esta manera, lo que podría vivirse como una situación de miedo se transforma en una rutina más dentro de sus actividades cotidianas.
Una vez en consulta, están equipados con la tecnología más puntera y cuentan con todas las comodidades necesarias para los más pequeños. Sus sillones odontológicos están diseñados especialmente para niños, sumando un plus de confort y bienestar. Esto facilita que puedan estar más tranquilos durante las exploraciones y tratamientos, reduciendo el tiempo de intervención y mejorando la colaboración.
Hábitos de higiene dental según la edad

De 0 a 3 años
En esta etapa la responsabilidad de la higiene es totalmente del adulto:
- Cepillar dos veces al día, sobre todo por la noche.
- Usar cepillo pequeño, de mango cómodo y cerdas suaves.
- Sentar al niño o niña en tu regazo o frente a ti, para controlar bien los movimientos.
- Evitar que se duerma con el biberón de leche o zumo en la boca.
De 3 a 6 años
Empiezan a participar de forma activa, pero aún necesitan supervisión:
- Dejar que se cepillen ellos primero, y después repasar tú.
- Convertir el momento del cepillado en una rutina divertida y previsible.
- Introducir poco a poco el hábito de cepillarse también después de las comidas principales.
A partir de los 6 años
A esta edad erupcionan las primeras muelas definitivas, muy vulnerables a la caries:
- Reforzar la importancia de un cepillado minucioso en la zona de molares.
- Valorar con el odontopediatra la aplicación de selladores de fosas y fisuras.
- Seguir supervisando, al menos por la noche, hasta los 8–9 años.
Alimentación y caries: qué tener en cuenta
La dieta tiene un papel clave en la aparición de caries. No se trata solo de la cantidad de azúcar, sino también de la frecuencia con la que se consume.
Algunas recomendaciones útiles son:
- Evitar el picoteo continuo de alimentos azucarados (galletas, zumos, batidos, bollería).
- Reservar los dulces para ocasiones puntuales y, si es posible, junto a las comidas principales.
- Priorizar agua frente a zumos, incluso los «naturales».
- No mojar el chupete en azúcar, miel o similares.
- Ofrecer frutas enteras mejor que en forma de zumo.
Un niño puede cepillarse muy bien, pero si consume azúcar muchas veces al día, el riesgo de caries sigue siendo alto. La clave está en combinar buena higiene con una alimentación saludable y estructurada.
Chupete, dedo y otros hábitos orales
El chupete tiene efectos calmantes y, bien utilizado, puede ser un aliado, pero conviene conocer sus límites:
- Preferir chupetes anatómicos o fisiológicos y del tamaño adecuado.
- Evitar colgarlos con cuerdas o cadenas demasiado largas.
- Intentar retirarlo progresivamente entre los 2 y 3 años para reducir el riesgo de alteraciones en la mordida.
La succión del dedo puede ser más difícil de controlar que el chupete, porque no se puede «retirar». Si persiste más allá de los 3–4 años, es recomendable consultar con el odontopediatra para valorar si está afectando a la posición de los dientes o al crecimiento de los maxilares.
Traumatismos dentales: qué hacer si se rompe o se cae un diente
Las caídas y golpes forman parte de la infancia, y con ellas los traumatismos dentales. Saber cómo actuar puede marcar la diferencia:
Si se rompe un diente de leche
- Guardar el fragmento si es grande, pero sin obsesionarse si se ha perdido.
- Enjuagar suavemente la boca con agua fría si el niño lo tolera.
- Aplicar frío externo (una gasa fría o hielo envuelto) para bajar la inflamación.
- Acudir cuanto antes al odontopediatra para valorar el daño.
Si se cae un diente definitivo
- No intentar recolocar un diente de leche en su sitio.
- Si es un diente definitivo, cogerlo por la corona (la parte blanca), nunca por la raíz.
- Si está muy sucio, enjuagar brevemente con suero o agua sin frotar.
- Si es posible, reinsertarlo suavemente en el alveolo y pedir al niño que muerda una gasa.
- Si no es posible, conservarlo en leche fría o suero fisiológico.
- Acudir de urgencia al odontopediatra; el tiempo es crucial.
Miedo al dentista: cómo ayudar a tu hijo o hija
El miedo al dentista puede tener origen en experiencias previas, en comentarios de adultos o simplemente en lo desconocido. Para acompañar mejor:
- Evita frases como «no te va a doler» o «no llores», que refuerzan la idea de peligro.
- Usa un lenguaje sencillo: «el dentista va a contar tus dientes» o «va a limpiar tus muelas».
- No amenaces con el dentista como castigo.
- Acude a clínicas donde el entorno y el equipo estén realmente adaptados a la infancia.
Cuando niñas y niños viven el cuidado dental como algo cotidiano, respetuoso y hasta divertido, es mucho más fácil mantener su salud bucal a largo plazo. El acompañamiento familiar, unido a profesionales especializados, crea la base para una sonrisa sana y segura en todas las etapas de crecimiento.